mostrarse al mundo con  AUTENTICIDAD

 

LLegamos al mundo en estado puro, espontáneos, naturales, creativos, emotivos, impulsivos… también dotados de una capacidad de aprendizaje y memoria responsables de que, poco a poco, vayamos aprendiendo unas normas sociales y unos modos de comportamiento que se consideran aceptables, o que encontramos útiles para obtener algún beneficio o evitar algún dolor. En este proceso aprendemos a reprimir emociones y deseos, y ocultarnos detrás de unas ‘máscaras’.

Vivimos en sociedad; en una sociedad que es como un enorme escenario donde cada uno juega a lo que ha aprendido a jugar. La vida pasa a ser una gran obra de teatro, una tragicomedia cuyos capítulos relatan las distintas etapas de la vida, y se desarrollan en distintos ambientes: la familia, el entorno profesional, el social, el privado…

Al preparar una obra, el actor crea su personaje dándole un aspecto concreto, una forma de moverse y expresarse, en función de  su historia pasada, de sus éxitos y de sus fracasos, de sus secretos, sus deseos y sus sentimientos. De la misma forma cada ser humano construye su identidad (aquello con lo que puede mostrarse en el gran escenario del mundo) sirviéndose de lo que hace, de lo que tiene y de lo que le falta, de su imagen física, e incluso de su manera de pensar y de sentir.

A lo largo del día nos ponemos diferentes ‘máscaras’ en función del papel que estamos representando de padre/madre, empleado/empleada, amigo/amiga… De lo que no somos conscientes es de otros personajes a los que jugamos porque quedaron grabados en nuestra mente en algún momento de nuestra vida.

Las máscaras se nos pegan de tal manera que con el paso del tiempo, no sabemos distinguir el personaje de nuestro ser  esencial. Los personajes o máscaras y el ser esencial son caras de la misma moneda.

Cada persona puede encarnar múltiples personajes. De hecho, tenemos la capacidad de reproducir cualquiera que podamos imaginar, es una cuestión de elección, pero de lo que no solemos ser conscientes es de la medida en que los personajes que nos resultan cómodos pueden llegar a tomar la fuerza que nos impiden vivir con autenticidad, con libertad y con mayor plenitud. Al dar vida a unos personajes, estamos eligiendo reprimir a otros, por ejemplo: la niña ‘buena’ reprime a la niña ‘mala’ y viceversa.

Y  en este contexto, puede ser que lleguemos a crear un personaje para encajar en el mundo,  y actuar en consonancia con él, aunque esto suponga un perjuicio para nosotros mismos, puesto  que no encaja con nuestra verdadera esencia.

Desenmascarar al personaje es un trabajo muy delicado, doloroso y que solo puede hacer uno mismo.

Necesitamos tomar conciencia de que están ahí, en ocasiones nos poseen ellos a nosotros de manera irracional, con tal fuerza que nos asfixian, y otras veces los elegimos nosotros porque son más cómodos, aunque no nos hagan felices.

En la medida en que podemos ponerles luz, darles nombre, identificar su manera de pensar, de sentir, de expresarse, de moverse, podemos elegir cómo  queremos jugar el juego de la vida. Los personajes no son nuestra verdadera identidad, somos más que eso. Somos personas que tenemos creencias, expectativas, necesidades, deseos, emociones, temores y secretos. Cuanto más nos ocultamos, más lejos estamos de vivir con autenticidad.

En ‘Coaching a escena’ se presentan una serie de dinámicas que pretenden ayudarnos a descubrir cuáles son esos juegos a los que jugamos en la vida, y ayudarnos a elegir conscientemente. La elección consciente nos permite relacionarnos hacia el exterior cono coherencia y autenticidad, asumiendo la responsabilidad de lo que deseamos, lo que sentimos, lo que hacemos y lo que decimos.

‘Coaching a escena. Recursos teatrales para la transformación’, Ñaque Editora.

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Comenta y comparte tu experiencia en la práctica de este ejercicio, entre todos podremos enriquecernos y mejorar.

Recursos teatrales para la transformación.

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